Savio guarda lo que tu cabeza no debería estar cargando: los enlaces de WhatsApp, Instagram, TikTok y YouTube que hoy se te pierden. Los convierte en listas compartidas con tu gente. Y te devuelve el enfoque. Donde te enfocas, creces.
111 fundadores. 11:11 de la mañana. 11,11% donado. Once años. Ningún número aquí es casualidad.
Alguien te manda un video que «tienes que ver». Un curso. Una receta. Una herramienta que te va a cambiar la vida.
Respondes «gracias, lo veo ahora».
Y nunca más lo encuentras.
Está enterrado entre 4.000 mensajes, junto a los otros 200 enlaces que «ibas a revisar después». Tu cabeza lo sabe. Por eso no descansa: vives con 40 pestañas abiertas — en el navegador y en el cerebro.
No eres desorganizado. Es que nadie te está cuidando los enlaces.
Empecé a estudiar crecimiento personal en 2020 y capturaba todo. ¿Sabes cuántos de esos apuntes repasé después? Cero.
Me tocaba volver a ver los videos enteros. Perdía horas repitiendo lo que ya había estudiado. El problema nunca fue guardar: es que lo guardado nunca vuelve a ti. Y lo que no vuelve, no te transforma.Tres pasos y ninguno te pide aprender nada. Si sabes pegar un enlace en WhatsApp, ya sabes usar Savio.
Ves algo, lo mandas a Savio en dos toques. Título e imagen se detectan solos. Tu cabeza queda libre.
Tus listas viven con tu gente. Mandas un enlace por WhatsApp y la ven sin registrarse, sin instalar nada.
Cuando lo necesitas, está donde debe estar. Mientras tanto, tú estás en lo tuyo. Menos tiempo en la app, no más.
Capturas reales de la aplicación. Ni maquetas ni promesas: esto es lo que ves cuando entras.
Sin configurar nada, sin tutoriales de media hora. Te registras y Savio ya te dejó una lista lista para usar. Cero fricción, cero excusas.
Título, imagen y sitio se detectan solos. No escribes nombres, no describes nada. Pegas y sigues con lo tuyo — eso es todo el trabajo que Savio te pide.
Estás en plena clase tomando notas en un txt. Lo pegas en Savio con el desorden y todo.
Savio separa los enlaces, les pega el contexto que escribiste alrededor y arma la lista. Lo que te tomaría media hora a mano, en un segundo.
Un enlace. Lo abren y ven la lista sin registrarse, sin instalar nada, sin que les expliques cómo se usa. Ahí deja de ser una app tuya y pasa a ser de los dos.
En Android se mete en el botón Compartir del sistema: desde Instagram o TikTok, dos toques y guardado. Sin abrir la app.
Las apps de enlaces terminan casi todas igual: un cementerio de cosas que ibas a ver. Savio trae la pieza que casi nunca aparece — el tiempo que de verdad le dedicas a lo que guardaste.
Te enfocas veinticinco minutos en tu Clase de IA. El bloque va siempre sobre una lista concreta, y esa es la diferencia entre un temporizador y un sistema.
15, 25 o 50 minutos. O modo libre: el reloj sube, tú decides cuándo parar, y cuenta lo que de verdad duró.
El tiempo lo mide el servidor, no tu navegador: no se puede inflar desde el teléfono. El número dice lo que el reloj vio, y por eso significa algo.
Sin rachas que se rompen, sin culpa por faltar un martes. Lo que llevas acumulado nunca baja.
Aquí está el detalle que nadie más hace. Cuando termina el bloque, Savio no te deja «descansando» en Instagram: la pantalla se llena y te pide levantarte, caminar, subir unas escaleras o mirar algo verde por la ventana.
Vuelves igual de cansado y el bloque siguiente lo pagas tú. Así que el descanso también se lo gana el bloque: cinco minutos después de veinticinco, diez después de una hora larga.
Te aviso yo cuando toque volver. No tienes que mirar el reloj.
Estás en plena clase tomando notas en un txt. Lo pegas en Savio y él detecta los enlaces, los organiza y te crea tu lista.
Escribes por qué lo guardaste y se queda a la vista, en la tarjeta. Nada de abrir menús para recordar qué era.
Esa página que quieres estudiar, ese diseño que quieres imitar. Guárdalo donde sí lo vas a volver a ver.
Cada lista es un objetivo. Tu Sistema Activador Reticular apuntado a lo que necesitas aprender, ver y ejecutar — no al ruido.
Comparte las tuyas, recibe las de tu gente. El conocimiento circula y todos crecen.
Una lista compartida y toda tu empresa conectada con las novedades. Simple y fácil, para el trabajo y para tu vida personal.
En Android, si instalas Savio, aparece en el botón Compartir del teléfono. Desde Instagram o TikTok: dos toques y guardado. Se acabó el «me lo mando a mí mismo por WhatsApp».
Mandas el enlace, lo abren y ven la lista. Sin cuenta, sin instalar nada, sin que tengas que explicarles cómo funciona.
Tu cerebro tiene un filtro físico para eso: el Sistema Activador Reticular, que solo te muestra aquello a lo que apuntas tu atención. Cada pestaña abierta, cada enlace perdido en WhatsApp, es una orden contradictoria a ese filtro.
En un mundo que avanza así de rápido, el problema ya no es el acceso a la información: es el enfoque y la procrastinación. Savio apunta tu SAR — y el de tu equipo — a lo que de verdad necesitan aprender, ver y ejecutar.
«Donde va tu enfoque, fluye tu energía.»
Cuarenta años enseñando lo mismo: no te falta tiempo, te falta dirección. Savio es esa dirección, guardada.
«La gente muy exitosa dice que no a casi todo.»
Decir que no exige saber a qué le estás diciendo que sí. Una lista corta y viva vale más que 200 pestañas.
Sus «Semanas de Pensar».
Se encerraba una semana, dos veces al año, con una caja de lecturas guardadas. El sistema no era la caja: era volver a ella.
Ideas públicas de cada autor, citadas como principios. Ninguno de ellos conoce Savio ni lo respalda.
Comparte tu lista y todos quedan conectados a la novedad — las herramientas, los recursos y las ideas que exponencian los resultados personales y de tu empresa.
Savio nació de mi propia necesidad. Mejoró mi enfoque primario en la toma de apuntes, y con él organicé todo lo que hago en mi vida diaria — modo personal y modo profesional.
Marco Vera · Creador de Savio · Vera Enterprises · marcoveraluz.comEstaba con mis dos chamitos al lado: Jacinto y Rosario. Era una promesa muy loca. Me la guardé once años. Hoy la empiezo a construir, y no solo.
Lleva el nombre de mi mamá. Es la estructura desde la que se hacen las entregas y se sostiene el trabajo en el Táchira. Contamos qué hace y a quién ayuda en detalle en cuanto exista.
Un restaurante que regala comida en el Táchira. El precio del plato es una sonrisa y buena vibra. No a cambio de dinero.
Cuando el restaurante abra, alguien que llegue con hambre va a comer bajo tu nombre sin saber quién eres.
Los 111 Fundadores quedan en el muro de las dos fundaciones — y los betatesters también, porque fueron los primeros en creer cuando esto no era nada todavía. No como clientes: como familia.De cada membresía anual de US$99.90 se apartan US$11.10 para las dos fundaciones.
Y ponemos otro 11,11% del neto nuestro — el que queda después de comisiones y reembolsos — y no solo de Savio: de todas mis apps, las de hoy y las que vengan.
Es la cuenta de la parte fija: 111 × US$11.10. El 11,11% de nuestro neto va aparte y también se publica. No vas a tener que creérnoslo: lo vas a poder revisar tú.
Es un compromiso nuestro, no una donación tuya: compras un producto y no recibes recibo deducible de impuestos.
Hasta que las dos fundaciones existan formalmente, lo donado queda apartado y sin tocar, y publicamos la cuenta para que no haya que creernos.
Todo el movimiento se publicará, ingreso por ingreso y egreso por egreso, en el Movimiento Servir, que es quien tiene que rendir cuentas de cada dólar que sale de aquí. Entrar al movimiento es gratis y no hace falta comprar nada.
Cada movimiento del fondo va a quedar publicado en Base, la cadena de bloques pública creada por Coinbase, abierta para cualquiera y sin permiso de nadie — también para ti, y también para quien no compró nunca. No estamos creando una cadena de bloques: estamos montando la capa de transparencia sobre una que ya existe. Una vez escrito, nadie lo puede editar. Tampoco nosotros. Eso es todo el punto.
Todavía no está montada. Cuando lo esté, la dirección se publica aquí y en el Movimiento Servir. Cualquiera podrá ver lo que entra y lo que sale, en cualquier momento, sin pedirnos permiso.
Cada entrega queda registrada con su comprobante. La foto y la factura irán a movimientoservir.org; la huella queda en la cadena.
Si algún mes donamos menos, se va a ver. Si nos equivocamos, se va a ver. Aceptamos eso a cambio de que no haya que creernos nada.
Con la letra clara: la cadena probará que el dinero salió y a dónde fue. Lo que no podrá probar sola es nuestra contabilidad — qué fue «neto» después de comisiones y reembolsos, y de qué apps salió. Esa parte irá publicada aparte y a mano, junto a la dirección. A quien quiera revisarla, se le abre.
Para que no haya ninguna duda, y porque en esto se miente mucho:
Objetivo de publicación de la cartera y del contrato: al cierre del carrito, sea porque se llenan los cupos o porque se cumplen los 7 días. Si se retrasa, se dice aquí y se dice por qué.
Va a haber una segunda copia de tu nombre que no depende de mí: tu Insignia de Fundador queda también como una pieza en Base, a tu nombre. Cada Fundador recibe la suya con el número que le tocó por orden de llegada. Hay cuatro rarezas y cada una desbloquea beneficios adicionales a los 7 bonos que ya tienes por ser Fundador. La rareza no la eliges: se asigna por el orden en que entraste.
Por la vela que encendí en Fátima en 2015. Hay una sola, como hubo una sola vela.
Con el n.º 1 son once. Uno por cada año que la promesa estuvo guardada sin contarse.
Por la fundación que lleva el nombre de mi mamá. Veinticinco, como el grupo que cabe en una mesa larga.
Por la iglesia de Fátima donde empezó todo. Es la base: sin estos 75 no hay restaurante ni hay muro.
Si el token o los NFT terminan no siendo viables, tu membresía, tu precio congelado, tus 7 bonos, tu nombre en el muro y la donación del 11,11% siguen exactamente igual. Nada de lo que compras hoy depende de que la parte de blockchain salga.
Entran con tu cupo, sean mensual o anual, sin pagar nada más por ellos. Y no se los vuelvo a dar a nadie después de los 111.
Me dices qué le falta al tuyo y te la hago. Y te quedas con mi WhatsApp directo y mi correo personal — yo, no un formulario.
Tu visión y tu mapa de sueños hablándole al teléfono: lo dices y queda armado. Además graba tu voz y te devuelve tus afirmaciones de poder. Si la fecha se mueve, el bono sigue siendo tuyo: los dos meses empiezan el día que salga.
La vida de tu casa en un solo sitio: alergias, contactos de los médicos, lo que haga falta — a la mano de tu familia o de quien tú decidas. Viajas tranquilo. Tu primer mes va incluido, empiece cuando empiece.
Tu Savio será distinto al de todos, para siempre. Con tu número del 1 al 111. No se venderá de nuevo.
Tu nombre en los dos muros: Rosario de Luz y Restaurante Virgen de Fátima. Los 111 entran, sea mensual o anual. Y tú eliges qué nombre se publica, si prefieres un seudónimo o si prefieres que no aparezca.
Una segunda copia de tu nombre que no depende de mí. Entra sola en tu cuenta y no pagas nada más por ella. Está en desarrollo y no tiene fecha.
Se añade solo a tu cuenta cuando esté listo, sin pagar nada más. Y no cuenta en el valor de arriba.
No te voy a inventar valores para inflar la cifra, así que te la desgloso con sus asteriscos. Las dos primeras líneas son dinero: el precio mensual vigente y una resta. Las dos siguientes son el precio previsto de dos apps que todavía no han salido. Las tres últimas no tienen precio de mercado y no les pongo uno.
Los separo a propósito, porque no es lo mismo: US$176.86 es lo que recibes este año y US$500 es una proyección a diez años. Sale de restar US$149.90 menos US$99.90 y multiplicar por diez. Si mantienes la membresía veinte años son mil; si la cancelas el mes que viene son cero. Por eso es una cuenta, no una promesa.
No tengo testimonios que enseñarte y no voy a inventarlos. Tampoco te voy a decir que puedes comprobarlo todo: dos de estas tres cosas tienes que creérmelas, y te señalo cuál es la que no.
No son una lista de espera ni un «me interesa»: son doce cupos de los 111 que ya salieron con dinero de verdad, antes de que esta página existiera. Doce no es un historial de ventas y más abajo te digo exactamente eso. Pero tampoco es cero, y es lo único que tengo. Esta es la parte que tienes que creerme: el contador lo actualizo yo a mano conforme entran.
Las de más arriba salen de la app funcionando, no de un diseño. Hay betatesters usándola ahora mismo y por eso puedo enseñarte pantallas en vez de promesas. El producto existe hoy, no el mes que viene.
Quién soy no es un secreto ni un avatar: Marco Vera, y está todo en marcoveraluz.com y en mi Instagram. Detrás de esto hay una empresa registrada, Vera Enterprises 2031 LLC. Si esto sale mal, sabes exactamente a quién reclamarle.
Y el dinero no pasa por mí en ningún momento: lo cobra Hotmart, y el reembolso lo pides tú sin mi permiso. Eso está explicado entero más abajo.
Ese es todo el trato. No es un descuento de lanzamiento que se vence: es el precio que se te queda congelado mientras mantengas la membresía activa.
Se cobra una vez al año y se renueva solo. Puedes cancelar la renovación cuando quieras: dejas de pagar el año siguiente y conservas el acceso hasta que termine el año que ya pagaste.
Cancelas cuando quieras, desde tu cuenta de Hotmart. La donación del 11,11% sale de cada membresía anual.
Sin cupo de Fundador: sin bonos, sin insignia, sin muro y sin precio congelado. Es lo que va a costar cuando esto se cierre. Lo dejo aquí para que veas exactamente qué estás congelando.
El primer mes completo por un dólar. Después US$9.99 al mes, congelado de por vida, y cancelas cuando quieras. Menos que un café por probar treinta días.
El US$1 no reserva cupo de Fundador. Tu cupo de los 111 queda confirmado cuando entra el primer pago completo — sea el anual de US$99.90 o el mensual de US$9.99.
Y esto tienes que saberlo antes de elegir esta vía: la garantía de 30 días aplica sobre la transacción inicial, y si entras por aquí esa transacción es el US$1. El cobro de US$9.99 del mes siguiente ya queda fuera de la ventana de garantía — puedes cancelar antes de que se produzca, pero no pedir devolución después. Si quieres los 30 días completos de garantía sobre lo que pagas, entra por el anual o por el mensual.
Es mi primer producto y no tengo historial de ventas que enseñarte. Así que no te pido confianza: te pido que revises quién procesa el pago. Savio se vende a través de Hotmart, una plataforma de productos digitales fundada en Brasil en 2011, con más de siete millones de usuarios y presencia en Colombia, España, México y Países Bajos.
Los datos del pago van a Hotmart, no a mí. No tengo acceso a ellos, no los guardo y no puedo cobrarte nada por fuera de la plataforma.
Entras a refund.hotmart.com, pones el número de tu transacción, confirmas con un código que te llega a tu correo y listo. No hace falta darme explicaciones ni esperar que yo apruebe nada.
La cancelación se hace desde tu propia cuenta de Hotmart. No hay que escribirme, no hay formulario de retención y no hay llamada para convencerte de que te quedes.
En España con SeQura, en Estados Unidos con Klarna o Pay in 4, y en México en efectivo en cualquier OXXO. Si los US$99.90 de golpe te aprietan, esa es la vía: entras igual como Fundador anual, con los dos meses gratis y el precio congelado.
Si estás en Venezuela, Hotmart solo acepta tarjeta de crédito emitida por un banco de fuera del país con el cobro en dólares, por restricciones de OFAC. Si es tu caso y quieres entrar, escríbeme por Instagram y buscamos cómo.
Los métodos disponibles los define Hotmart y pueden cambiar. Los verás todos en la pantalla de pago antes de confirmar nada.
Entras, lo usas casi un mes, y si no te cambió nada lo pides antes del día 30 y te devuelven todo. No hay formulario de retención, no hay «cuéntanos por qué» y no hace falta que yo lo apruebe. La única condición es la que pone la plataforma, y te la digo aquí abajo en vez de esconderla.
Dentro de los 30 días. No me escribes a mí: entras a la plataforma directamente.
Lo tienes en el correo de la compra. Confirmas tu identidad con un código que te llega al mismo correo. No hay que explicar nada.
La solicitud se aprueba y se libera al banco en hasta 7 días. El acceso a Savio se te quita en ese momento, y eso es lo justo.
Y quiero que veas la parte incómoda del trato: yo no puedo bloquear tu reembolso. No depende de mi humor, de que me caigas bien o de que conteste el correo. Eso es exactamente lo que hace que la garantía valga algo.
En suscripciones, la garantía aplica sobre la transacción inicial, según las reglas de Hotmart. El plazo exacto de tu compra lo ves siempre en tu cuenta, en «Mis compras».
Te lo digo yo antes de que lo pienses tú. Si alguna de estas te frena de verdad, no compres: para eso están escritas.
«Es tu primer producto. ¿Y si esto desaparece en seis meses?»
Es la pregunta correcta y no te voy a vender humo: no puedo prometerte el futuro. Nadie puede, y quien te diga lo contrario te está mintiendo.
Lo que sí puedo hacer es que arriesgues poco. Tienes 30 días para pedir el 100% de vuelta, y el reembolso no me lo pides a mí — lo pides en Hotmart y yo no puedo bloquearlo. Detrás hay una empresa registrada, no un usuario anónimo. Y si prefieres no comprometer un año, el mensual es US$9.99 y lo cancelas desde tu propia cuenta cuando quieras.
«US$99.90 de golpe es mucho dinero.»
Entonces no entres por ahí. En serio: hay tres puertas y ninguna te cierra la de al lado.
El anual son diez meses pagados y doce usados. El mensual es US$9.99 y congela el mismo precio de por vida. Y si ni eso, el primer mes cuesta US$1. Lo que no vuelve es el precio de Fundador: cuando se cierren los 111, esto pasa a US$149.90 al año, y esa diferencia se paga cada año, para siempre.
«Tres de los siete bonos todavía no existen.»
Cierto, y por eso está escrito arriba en vez de escondido en la letra pequeña. Si te decides por los bonos que faltan, estás comprando una promesa, y prefiero que no lo hagas.
Lo que compras hoy es lo que funciona hoy: la app que ves en las seis capturas, el precio congelado y tu cupo. Los bonos que faltan entran solos en tu cuenta el día que salgan, sin pagar nada más. Si alguno se retrasa, lo digo con su fecha nueva; y si alguno deja de ser viable, lo digo también y te explico por qué. Lo que no voy a hacer es callarme y esperar a que se te olvide. Y nada de lo que ya compraste depende de ellos: la app, tu precio congelado y tu cupo siguen exactamente igual.
«¿Los 111 cupos son de verdad o es puro marketing?»
Son de verdad, y te explico el mecanismo en vez de pedirte que confíes: el sistema de compra cuenta los cupos vendidos y deja de ofrecer el precio de Fundador al llegar a 111. No es un contador de adorno que se reinicia cada noche.
Dicho eso, sé preciso: el número que ves arriba lo escribo yo a mano conforme entran, no es un marcador en vivo. Lo que sí es automático es el tope — cuando se llega a 111 el botón deja de vender este precio y quien llegue después entra por Savio Pro. Ese cierre es lo que hace que «congelado de por vida» signifique algo, porque si los cupos fueran infinitos no habría nada que congelar.
«Ya probé apps así y las abandoné a la semana.»
Yo también, y esa es exactamente la razón por la que Savio no es solo un sitio donde guardar cosas. Guardar no te transforma. Volver, sí.
Por eso la mitad del producto es el bloque de enfoque: no acumulas enlaces, te sientas sobre una lista concreta durante un rato medido. Y tienes 30 días para comprobar si vuelves o no. Si a los 25 días no has vuelto ni una vez, pide el reembolso — te lo digo yo.
Dos minutos. Eliges tu método de pago y confirmas. Yo no veo tu tarjeta en ningún momento.
Tu acceso llega al instante de pagar. Los bonos de mis otras apps, el día que cada una salga.
Entras, me escribes por WhatsApp si quieres, y sueltas el primero. Listo: tu cabeza, liviana.
Van 12, quedan 99. Entran por orden de llegada.
Después se cierra, aunque queden cupos. Lo que llegue primero. Los que queden sin vender no se reabren: los 111 son 111.
Después de los 111, Savio Pro cuesta US$14.99 al mes o US$149.90 al año, sin bonos. El de US$9.99 no se vuelve a ofrecer.
La Insignia y el símbolo de Fundador se retiran para siempre al cerrar. No se venden de nuevo.
Entran a una sesión en vivo conmigo: «Monta tu sistema en 60 minutos».
Entran gratis y también van al muro. Cuando se acaben, se acaban.
El número de cupos que quedan se actualiza a mano y puede tardar unas horas en reflejar la última compra.
Toda página de venta te cuenta lo bueno. Esta te va a contar también lo otro, porque si entras con expectativas falsas pides el reembolso a los diez días y los dos perdimos el tiempo.
Si después de leer esto te sigue pareciendo que vale la pena, entonces sí quiero que entres. Y si no, prefiero que no entres y que te quedes por aquí viendo si lo cumplo.
Por eso están las seis capturas reales aquí arriba, sin maquetas. Si sabes pegar un enlace en WhatsApp, ya sabes usar Savio. Y si no te funciona, tienes 30 días para pedir el 100% de vuelta, sin preguntas y sin pasar por mí.
El precio. Pagas US$99.90 al año (o US$9.99 al mes) y ese número no te sube nunca, mientras no canceles. Cuando se acaben los 111 cupos, el precio de Fundador se cierra: quien llegue después entra a Savio Pro, US$14.99 al mes o US$149.90 al año, sin bonos. Tú seguirás pagando lo mismo en 2027, en 2030 y en 2040.
La Insignia de Fundador es tuya para siempre. Los accesos a mis otras apps duran lo que dice cada bono, y los que faltan entran solos en tu cuenta cuando estén listos.
El precio congelado se va contigo el día que canceles. Si vuelves, entras al precio público que haya en ese momento. Es la única forma de que congelar signifique algo, y prefiero decírtelo ahora que sorprenderte luego.
Porque pagas diez meses y usas doce, el precio queda congelado igual, y es del anual de donde sale el 11,11% que va a las fundaciones. El mensual está ahí y es legítimo: si prefieres mes a mes, entra por US$9.99 y también eres Fundador con tu número, tus siete bonos y tu nombre en los dos muros.
Es un mes completo por un dólar para que lo pruebes sin pensarlo. Después pasa a US$9.99 al mes, congelado, y cancelas cuando quieras.
Pero no, con el US$1 no eres Fundador todavía y no reserva cupo. Los 111 se confirman con el primer pago completo, anual o mensual. Lo digo claro porque si el dólar apartara cupo, los 111 se agotarían en una tarde por US$111 en total y no habría con qué construir nada de lo que prometí.
Sí, según tu país. En España con SeQura, en Estados Unidos con Klarna o Pay in 4, y en México en efectivo en cualquier OXXO. En Colombia tienes PSE, Nequi, Bancolombia y Efecty. Entras igual como Fundador con el precio congelado y los dos meses gratis.
Si estás en Venezuela, Hotmart solo acepta tarjeta de crédito de un banco extranjero con cobro en dólares, por restricciones de OFAC. Si es tu caso, escríbeme y buscamos cómo.
Sí. Savio es web: funciona en cualquier teléfono o computador. En Android además se integra al botón Compartir del sistema, así que puedes guardar desde Instagram o TikTok sin abrir la app.
No necesitan unirse. Abren tu lista con un enlace y la ven sin registrarse, sin instalar nada. Cuando vean lo que armaste, se unen solos.
Jamás. Pides una copia de todo cuando quieras y cierras tu cuenta cuando quieras. Son tus enlaces.
Existe y funciona hoy — las seis capturas de arriba son de la aplicación real. Lo que estoy construyendo con esto son las funciones que faltan, la app Familiar, el restaurante y la fundación. Si lo que quieres es entrar, usarla y ya, la usas desde el primer día.
Es una pregunta legítima y no te la voy a esquivar con una frase motivacional. No te puedo garantizar el futuro. Te puedo garantizar tres cosas concretas: los primeros 30 días tienes devolución completa que yo no puedo bloquear; puedes cancelar cualquier mes sin pedirme permiso; y todo lo que entre y salga de dinero se publica, así que si esto se apaga lo vas a ver antes que nadie y no te vas a enterar por un silencio.
No. No está en venta, no promete rentabilidad y no representa participación en la empresa. Es un libro de cuentas público: existe para que puedas verificar por tu cuenta cada dólar donado, sin tener que creernos. Si buscas una inversión, esta no lo es y no quiero que entres pensando otra cosa.
Tu membresía, tu precio congelado, los siete bonos, tu número de Fundador, tu nombre en los muros y la donación del 11,11% siguen igual. La parte de cadena de bloques es un compromiso de transparencia que estamos construyendo, no el producto que compras.
Por el orden en que entras. El primero es la pieza Única, del 2 al 11 son Legendarias, del 12 al 36 Épicas y del 37 al 111 Fundador. No hay sorteo, no hay compra de rareza y no se puede adelantar puesto pagando más.
No. Es un compromiso nuestro, no una donación tuya: compras un producto y no recibes recibo deducible de impuestos. Lo aclaro porque decirlo al revés sería mentir.
El plan anual se renueva al año. Si no lo quieres renovar, lo cancelas antes desde tu cuenta de Hotmart y no se te cobra nada. Y si un cobro te pilla por sorpresa, escríbeme: prefiero devolverte el dinero a tenerte pagando algo que no querías.
Si buscas trayectoria, no me compres a mí todavía — te lo digo en serio. Es mi primer producto, no tengo testimonios y no voy a inventarlos. Lo que tengo es esto: la app funciona hoy y la ves en las capturas, el pago lo procesa Hotmart y no yo, la devolución de 30 días no depende de mi voluntad, y las cuentas de lo donado se publican para que las revises. El precio de fundador existe justamente porque estás entrando antes de que haya pruebas. Eso tiene un descuento, y ese descuento es el que estás viendo.
33 días completos, sin costo y sin tarjeta. Quedan 13 lugares y lo único que pido a cambio es que me digas qué falla. Los betatesters también van al muro: fueron los primeros en creer cuando esto no era nada.
El cupo de betatester no consume uno de los 111 de Fundador, y no incluye los siete bonos ni el precio congelado.
Puedes seguir como hasta hoy: enlaces perdidos, pestañas infinitas, «luego lo busco». O puedes soltarlo todo en un sistema que te lo cuida, por menos de lo que te cuesta un café a la semana, con cero riesgo durante 30 días.
P.D. Los cupos son 111 y quedan 99. Cuando se acaben, el año sube a US$149.90 y no baja nunca más.
Si el botón todavía funciona, estás a tiempo de pagar US$99.90 el resto de tu vida.